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jueves, 2 de junio de 2011

Chuky Cultural - Ramiro Lapiedra

"Amor, alcohol y coca" el último libro de Ramiro Lapiedra



“Providencia, Amor, Alcohol y Coca“, es la segunda novela de Ramiro Lapiedra. El escritor y director de cine porno ha vuelto a retratar en un formato autobiográfico su delirante existencia, como ya hiciera en su primer trabajo literario “Epifanía, un rodaje porno” que provocó una gran tormenta mediática y el rechazo frontal entre sus antiguos compañeros del sector del porno. Aún así y gracias al éxito de “Epifanía“, su editorial le encargó un segundo trabajo con la misma línea autobiografica y destructiva, y de esta manera surgió “Amor, alcohol y coca”. En su segundo libro Ramiro plasma sus aventuras y desventuras en el Raval de Barcelona donde, arruinado, convive con transexuales, prostitutas y delincuentes. Aprovechando la noticia, hemos buscado antiguos cortos en video de Ramiro, y os los ofrecemos a continuación.


jueves, 19 de mayo de 2011

Chuky Cultural - Juan Xiet


"...Juan debe tener entre 20 y 25 años, más no y menos tampoco, pero la observación de la vida de un joven de la Capital, su forma de atravesar la realidad a veces tan cotidiana como la de un repartidor de pizzas, me hace entender que la poesía está en todos lados, depende de quién y cómo se la viva………….Juan Xiet en su viaje de vuelta:
La máquina tragamonedas no escatima en gastos de ironía: Indique su destino al chofer. ¿Mi destino? Que destino puedo tener si lo que resta del día es ir a descansar para olvidar. -$1.25, por favor. Hombres y mujeres durmiendo. Vuelven de sus trabajos. Vuelven de búsquedas irresueltas. Duermen para no pensar. Duermen porque están cansados de pensar.”
Sencillamente bello Juan Xiet, gana la fascinación atenta y montones de aplausos que quieren abrazarlo, porque su decir poético nos escribe…nos traduce, nos libera..."

Mi nariz,
un templo en medio de las montañas faciales.
Mi nariz iluminada por dentro con velas de cera de cabra, estoy pálido y flaco,
me siento esqueleto de prueba forense, tengo ojeras negruzcas de sueño hambre fatiga y mareos,
debajo de mis ojos movedizos.
Si hay algo que me gusta de mí son mis ojos,
pero mi nariz templo de cera sigue ahí, respirándome.
Mi nariz acumuló muchos comentarios a lo largo de nuestras vidas. Alguien que amé mucho me dijo: “Sin esa nariz no serías nada”.

Mis primas me pegaban una cinta scotch desde la punta hasta la frente para mantenerla erguida.
“Se te va a caer hasta el piso”, me decían.
En los campamentos de la primaria me decían “Pipa”,
pensaba que era por el Pipa Higuaín, un veterano jugador de River, pero no, era porque se parecía a una pipa real, toda estirada y terminada en bola.

Cuando comencé a tener noción de su magnitud, me obsesioné:
la miraba de costado cuando pasaba frente a algún ventanal,
pasaba largos ratos frente al espejo-cruel-verdad, y la inspeccionaba detalladamente, sus puntos negros que apretaba y
veía viboritas salir frenéticamente hacia el oxígeno, sus curvas.
Ustedes jamás podrán tener mi perspectiva, pero si cierro el ojo izquierdo tiene una forma y si cierro el derecho tiene otra, desde acá arriba se ve extraño, imagino que lo normal sería poder cerrar un ojo y ver la escena del otro lado, pero no, no puedo,
el Muro de Berlín olfativo ahí está,
amurado, atornillado, sobre mis labios de ratita.

Al poco tiempo era un experto en camuflarla, pensaba que usando gorros o boinas no se notaba tanto. Hablaba a las chicas en los boliches mirándolas de frente, fijamente, el águila nocturna con su pico oculto, no podían verme de perfil, en la calle lo mismo.
Leves movimientos craneales para disimular la protuberancia heredada de mi abuelo, aunque a él le quedaba bien porque media dos metros y era robusto como un verdadero hombre.

Una vez, en la espera del dentista,
el hijo y su madre:
—Mami, ese chico tiene la nariz demasiado grande, ¿qué le pasa?
—¡Shhhhhhhh!, basta, Nahuel.
—Pero maaa, ¿está enfermo? ¿Se le agrandó?
—¡Basta te digo!
—Déjelo, señora, mi nariz no tiene ego, no le molesta.
Pero de hecho sí, tiene ego. Le gusta pasearse pegada a mi cara con toda su humanidad, sus fosas nasales torcidas, con algunos pelitos en su interior, la metáfora de una pequeña foca humana, y como no podía hacer nada, me uní a ella
la ACEPTÉ el sol y los planetas
volvían a tener sentido.

Juan Xiet - Ataque de pánico -
Lo universal nace de lo particular reducido a cenizas: la fórmula de este libro. Relatos de familia, infancia, vergüenza, morbo, sexo, intimidad, consumo de drogas y estados psicosomáticos, narrados sin el más mínimo escrúpulo, aniquilan la importancia personal al mostrarla en su más cruda expresión. Donde la primera persona juega entre lo cómico y lo trágico, Juan Xiet dibuja una antimoral del tiempo y la Evolución.
Editorial Nulu Bonsai. Buenos Aires 2008


domingo, 1 de mayo de 2011

Chuky Cultural - Soneto al agujero del culo


Oscuro y fruncido como un clavel violeta 
respira, tímidamente oculto bajo el musgo; 
el licor del amor todavía lo humedece 
y fluye por el leve declive de las nalgas. 

Filamentos parecidos a lágrimas de leche 
lloran ante el aciago soplo que los arrastra 
a través de guijarros de abonos arcillosos 
hacia el declive que los reclamaba. 

A menudo mi boca se acopla a su ventosa 
y allí mi alma, del coito material envidiosa, 
cavó su lágrima feroz, su nido de sollozos. 

Es la argolla extasiada y la flauta mimosa, 
tubo por donde baja el celestial confite, 
Canaan femenino de humedades nacientes 


Cuartetos (Facit) de Verlaine y tercetos (Invenit) de Rimbaud.

jueves, 14 de abril de 2011

Chuky Cultural: Alejandro Urdapilleta

SOMBRAS DE CONCHA
por Alejandro Urdapilleta
Conchas con olor a teatro

camarines con olor a concha
¡conchas! ¡conchas!
Breteles de corpiños y caireles
copa va copa viene
y el bulto magno que me enceguece
desde tu entrepierna almibarada
gloria de tu bragueta
parcimonia de transeuntes
carroña que masco
y leche
y al final telones
y cenitales
pelucas de pétalos
alas de cuarzo
bambalinas en el alma
rimel en el culo
130 putos frente a un espejo
todos descuartizados
vocación de concha
¡conchas! ¡conchas!
libre albedrío
y una montaña
y atrás el fuego
y la huella de tu chupón en mi nalga cruda
medialuna de árabes
matanza de chinos
saqueos de fiambrerías
4 conchas que arrastro con mi changuito
más 5 que llevo puestas
son 9 conchas
leche condensada
pan lactal
y esperma
como un pulpo esa concha enorme
se va acercando
ya cubre todo el Parque Lezama
¡conchas! ¡conchas!
Potras de crines blancas
cayendo en los precipicios
¡conchas! ¡conchas!
Cisnes que alzan el vuelo
y escupen sangre desde las nubes
conchas que se derriten
conchas ruborizadas
conchas famosas
¿concha peluda?
ponele spray
y atrás de todo mi muerte negra
dientes de razo
pestañas grises
aplauso para las conchas
¡vivas víctores y clarines!
aplausos para el deseo
como una baba
aplausos para la luna
que tiene concha
aplausos para el becerro
y el vellocino de oro
y para tu concha
tan elegante
tu concha de firmamento
de algarabía
y de sentimiento
¡aplausos para la concha de tu madre!
¡y para la de Tita Merelo que todavía ruge!
aplausos para mil conchas de camarines
conchas postizas
conchas de llantos
conchas de risa
conchas que crujen
conchitas diminutas liliputienses
y grandes conchones profundos
¡en fin!
¡A La Gran Concha Argentina Salud!




jueves, 17 de marzo de 2011

El Sexo Anal en la Literatura

La postura más usada para la mujer, en este goce, es acostarse boca abajo, en el borde de la cama, con las nalgas bien separadas, la cabeza lo más bajo posible. El lascivo, tras haber disfrutado un instante con la perspectiva del bello culo que se le ofrece, tras haberlo palmoteado, palpado, a veces incluso latigado, pellizcado y mordido, humedece con su boca el lindo ojete que va a perforar, y prepara la introducción con la punta de su lengua; moja asimismo su aparato con saliva o con pomada y lo presenta suavemente al agujero que va a horadar; con una mano lo lleva, con la otra separa las nalgas de su goce; cuando siente su miembro penetrar, es preciso que empuje con ardor, teniendo mucho cuidado de no perder terreno; a veces la mujer sufre entonces, si es nueva y joven; pero sin miramiento alguno para con los dolores que pronto van a convertirse en placeres, el jodedor debe empujar con vivacidad su polla gradualmente, hasta que por fin haya alcanzado la meta, es decir, hasta que el pelo de su aparato frote exactamente los bordes del ano del objeto al que encula. Que prosiga entonces su camino con rapidez: todas la espinas están ya cogidas; sólo quedan las rosas. Para acabar de metamorfosear en placer los restos de dolor que su objeto aún experimenta, si es un joven muchacho que le coja la polla y se la menee; que acaricie el clítoris si es una muchacha; las titilaciones del placer que provoca cuando encoge prodigiosamente el ano de la paciente, redoblarán los placeres del agente que, colmado de gusto y de voluptuosidad, disparará pronto al fondo del culo de su goce un esperma tan abundante como espeso, que habrán provocado tan lúbricos detalles
Filosofía del tocador, Marqués de Sade

viernes, 4 de marzo de 2011

Chuky Cultural - POST PORNO

http://pornolab.org
Las nuevas activistas como Itziar Ziga, Beatriz Preciado, María Llopis o Virginie Despentes,  no ocultan su cuerpo, sino que lo sitúan en primera línea del frente. No ocultan su sexualidad, sino que dicen querer aprovecharla al máximo y en todas sus posibilidades. En sus performances, en sus películas y en sus escritos no dejan nada a la imaginación: son las protagonistas de un uso explícito del sexo, tanto para el placer privado como para dejar clara su posición militante. 
Si bien, como explica Itziar Ziga, autora de Devenir Perra, y aun cuando hayan sido poco aireadas, siempre ha habido posiciones en el feminismo “que se desvincularon de la mojigatería reinante y optaron por hacer visibles sus cuerpos de una manera radical. Ahora existe una corriente amplia de performers, artistas y activistas que somos conscientes de que la mayor batalla del patriarcado se libra en nuestro cuerpo”. En ese sentido, ocultarlo, como hicieron algunas feministas en el pasado, “es una estupidez. No podemos caer en la trampa de estigmatizar nuestra sexualidad”.
Ziga asegura estar “orgásmicamente convencida de que estamos viviendo una revolución, una sexualización y una putificación del feminismo”, encarnada en pornofeministas como Annie Sprinkle, Marina Abramovic, Valie Export, Cosey Fanni Tutti o Verónica Vera, figuras de referencia que abrieron el camino a las activistas actuales.
Y es en este contexto donde el postporno juega su función. Según José Pons Bertrán, responsable editorial de Melusina, el sello literario que ha acogido a este movimiento, “se trata de apropiarse de cotos privados que antes estaban sujetos a un poder heteronormativo. Así, el porno era terreno del hombre heterosexual, y todos los contenidos estaban destinados a él. Ahora no: ellas han dado un golpe de estado a esa concepción”.
Lo que implica nuevos planteamientos. Ellas no lo hacen para ganarse la vida, sino porque les gusta y como forma de reivindicación política. “Y porque sí…Todos fabricamos nuestro porno. Lo que ocurre es que, además de hacerlo en nuestra casa, lo mostramos”. Y se trata de una actitud que sorprende a mucha gente. Lo que demuestra, según Ziga, “hasta qué punto la mujer ha estado dominada. Que nosotras lo hagamos delante y detrás de las cámaras o en un escenario, o en cualquier situación que nos apetezca, no tiene por qué generar ningún problema. ¿Por qué no puede haber mujeres que practiquen el sado delante de una cámara y disfruten con ello? Pero que una mujer sea dueña de su cuerpo es una de las cosas que más molestan a esta sociedad”.
Vivimos en un mundo, pues, que trata de normativizar lo sexual, frecuentemente convirtiéndolo en patológico. “Me aseguran que en el DSM V (el próximo manual diagnóstico de las enfermedades mentales editado por la American Psychiatric Association) la hipersexualidad va a ser considerada como patología. Y la pregunta es ¿quién me dice cómo tiene que ser la sexualidad moderada? ¿Cuántas veces tienes que hacerlo al día o al año, para ser considerada alguien normal?”.
“Damos miedo a los machos”
Quizá por ello, en las representaciones de la sexualidad que utilizan en sus prácticas artísticas (o en las simplemente pornográficas) yace una especie de desafío a las reglas dominantes tejido desde una actitud orgullosa y altiva. “Es que no puedes hacerlo de otra manera. No puedes exhibirte o ponerte a hacerlo en público a con miedo o con vergüenza. Llevan toda la vida diciéndonos que son cosas que sólo podemos hacer en la intimidad del hogar y sintiéndonos además culpables. Pues no es así”.
Y son actitudes que provocan, con cierta frecuencia, reacciones hostiles. La última, en Cádiz, donde Ziga participó recientemente en unas jornadas sobre prostitución organizadas por una asociación derechos humanos. “Quisimos hacer visible el asunto organizando en la calle un carril puta. Eso, dada la mojigatería reinante, fue recibido como una provocación, hasta el punto que terminó acudiendo la policía”. Hablamos de reacciones, asegura Ziga, dirigidas por el miedo. “Asusta que una mujer sea dueña de su cuerpo. Si eres directa, la gente se corta mucho. Si estamos en una discoteca y empezamos a jugar y a liarnos entre nosotras, nadie se atreve a tocarnos. Damos miedo a los machos porque vamos en grupo y no tenemos vergüenza”.
Comportamientos que, explica Ziga, están muy relacionados con un estado general de las cosas. “Hay quien nos pregunta por qué hacemos cosas así. La respuesta es evidente: porque vosotros nos habéis reprimido. A las mujeres se nos domestica socialmente a través del pudor: no debes hablar muy alto, ni decir lo que piensas, ni exhibirte. De modo que terminar con esos límites, hacer que exploten mostrándote como una zorra depravada, es lo mejor que podemos hacer las mujeres”. Y los resultados suelen ser muy positivos, afirma Ziga. “Soy más respetada por los hombres desde que voy de frente. Me tratan como a una igual. Me cuentan sus historias y sus temores y paso a ser una confidente para ellos”.
Narraciones fronterizas y subversivas
Sin embargo, el postporno no sólo se trata de una serie de comportamientos que se llevan a cabo delante de una cámara o en una performance o que son narrados en un montón de folios. También se trata de un movimiento teórico que ha decidido borrar los límites entre reflexión y práctica, afirma Ziga. “Lo maravilloso del postporno es que nosotras lo ideamos, lo proyectamos, lo reivindicamos, y lo ponemos en nuestro propio cuerpo. Aquí no hay distancia entre quien teoriza y quien practica”.
Y eso es también parte de sus méritos estéticos, asegura Pons, ya que la mezcla de géneros que aparece en sus textos los convierte en algo totalmente nuevo. “Se trata de una literatura fronteriza, donde se juntan ensayo, ficción y realidad que me fascina. Podríamos decir que tienen algo de Sebald, de los juegos de Borges y de la actitud de los beatniks”.  María Llopis, Performer, escritora y actriz porno, que acaba de editar en Melusina El postporno era esto, incide en la validez de esa mezcla de géneros. “Mi libro es una autoficción. En él trato temas muy personales, y mezclo hechos reales e inventados, pero es que todo es así. Todo lo que escribo es autobiográfico, pero es que la autobiografía también es ficción. Escribo como vivo”.
Para Pons, “ahora que la novela está de capa caída, la literatura está renovándose por un lugar insospechado, como son estas narraciones fronterizas y  muy subversivas. Al igual que se dijo en una época que la mejor literatura que se hacía en Francia eran los ensayos de los postestructuralistas, ahora la mejor literatura es la que están haciendo estas mujeres”.